Cartagena y su agua, con una ventana de ocho años para no colapsar

Cartagena y su agua, con una ventana de ocho años para no colapsar

La sedimentación que carga el Canal del Dique podría tener dos consecuencias nefastas para esta ciudad: acabar con el sistema lagunar que le da el 90 % de agua a sus pobladores y bloquear gran parte de los puertos marítimos de la Bahía de Cartagena.

Para José Vicente Mogollón, cartagenero, historiador y exministro de Medio Ambiente, el sistema de agua que rodea el Canal del Dique ha sido su “patio trasero”. Es por esto que lleva más de 40 años estudiándolo. Viendo, en persona, cómo la sedimentación se come los cuerpos de agua, y averiguando, entre libros y documentos, cuáles fueron las principales causas que dejaron a este complejo de humedales en su situación actual.

Aunque muy pocos cartageneros lo saben, el Canal del Dique es una creación del hombre, comenta. Como su exploración se dio con la llegada de los españoles, la gente ha pensado que se trata de un canal natural, pero lo cierto es que solo entre 1923 y 1984 se dragaron 40,2 millones de metros cúbicos para formarlo, con consecuencias tan nefastas que hoy son visibles a simple vista.

El 10 % del caudal del río Magdalena, con toda su carga de sedimentación, llega al Canal del Dique, lo que ha llevado a que tanto el agua potable como el comercio de Cartagena se encuentren en una situación de altísimo riesgo, pues el sistema lagunar Juan Gómez-Dolores, que abastece el 90 % de agua para la ciudad, recibe sus aguas de este canal, por lo que se ha ido sedimentando. Mogollón estima que en solo ocho años, la sedimentación (que ya está llegando a la Bahía de Cartagena) podría bloquear 54 de los 56 terminales marítimos que tiene la bahía. ¿La consecuencia? El colapso de una ciudad que vive del comercio marítimo y del turismo.

Es por esto que, por primera vez, los Encuentros Regionales por el Agua llegaron a Cartagena. Se trata de una iniciativa que han liderado por seis años consecutivos El Espectador, Isagén y WWF, a los que este año se sumó Bavaria, para encontrar cuáles son los principales retos y desafíos que existen en torno al agua en distintas regiones de Colombia.

En el caso de Cartagena, representantes tanto del sector privado como del sector público y la sociedad civil se reunieron para discutir sobre lo que viene pasando en torno al Canal del Dique, incluyendo el sistema lagunar Juan Gómez-Dolores. Una situación en la que todos los asistentes estuvieron de acuerdo en que se necesitan medidas urgentes. Si en semanas pasadas el IPCC (el panel científico sobre cambio climático más importante del mundo) dio un ultimátum advirtiendo que solo nos quedan doce años para detener un incremento de la temperatura global más allá de los 1,5 °C y evitar con ello una catástrofe, el agua de Cartagena podría tener una ventana de oportunidad aún más corta: solo ocho años.

Se discutieron entre varias propuestas cuáles son las acciones para poder recuperar este complejo clave de lagunas, ciénagas y humedales. La primera es financiar y ejecutar el Macroproyecto del Canal del Dique. Claramente, la crisis que está viviendo este sistema no ha sido ignorada por las comunidades, las empresas que se abastecen de él ni por el Gobierno nacional. Tras el fenómeno de La Niña 2010-2011, que afectó a varias comunidades de la zona con lluvias extremas, y con la creación del Fondo de Adaptación, Cormagdalena pudo postular una solución: un proyecto que tenía dos fases. (Puede leer: Tribunal Latinoamericano del Agua recomienda desmantelar Hidroituango)

La fase 1 consistió en hacer una serie de obras para evitar inundaciones, que ya fueron ejecutadas y buscan proteger a las comunidades más vulnerables. Esta parte del proyecto, que ya es una realidad, costó $355.000 millones.

El problema es que la fase 2 —considerada una especie de “solución definitiva” para controlar el grado de sedimentación y recuperar la conexión de estos cuerpos de agua— no se ha empezado a construir. La obra, que fue aprobada por el Gobierno anterior, busca lograr la interconexión de siete complejos cenagosos por medio de la construcción de una esclusa y una compuerta a la altura de Calamar y la construcción de una esclusa en Puerto Badel. Sin embargo, aún queda la duda de dónde saldrán los $2,3 billones de pesos que cuesta solo su construcción. Además, otra de las cosas que inquietó a los participantes es que, según Sandra Garavito, ingeniera ambiental del Macroproyecto del Canal del Dique del Fondo de Adaptación, si se logra una construcción relativamente rápida, solo dentro de ocho años se estarían viendo los resultados. Cifra que, justo, se cruza con la estimación de Mogollón para que la sedimentación bloquee las lagunas y los puertos marítimos de la Bahía de Cartagena.

Si bien la infraestructura gris que propone el Macroproyecto para el Canal del Dique se requiere para que en el largo plazo haya un control total de sedimentos, lo cierto es que, como lo explicó Adriana Soto, asesora y moderadora de los Encuentros por el Agua, “la carrera contra los efectos adversos del cambio climático es contrarreloj y por eso necesario tomar medidas inmediatas para conservar y recuperar la infraestructura verde en el Dique, como ciénagas, manglares y bosques pantanosos de corcho, que en el corto plazo resultan costo-efectivas para ayudar a filtrar y controlar los sedimientos y, por ende, asegurar una oferta de agua en calidad y cantidad a la ciudad”. Soto añade que esta infraestructura natural ha demostrado ser una barrera efectiva contra inundaciones, sequías y otras consecuencias del cambio climático, como el ascenso del nivel del mar y la erosión costera.

Entonces, es importante tomar medidas desde ahora. Recuperar de forma activa los ecosistemas, con proyectos de producción sostenible para las comunidades y, con algo tan simple, como ponerle acueducto y alcantarillado a Rocha, el corregimiento que queda a escasos 500 metros de Juan Gómez-Dolores.

Ver artículo completo en: El encuentro regional por el agua. El Espectador

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