Ostras para saciar la sed de América Latina

Ostras para saciar la sed de América Latina

Entre el blanco y el negro, hay infinitos matices. Lo mismo entre el verde y el gris. Y es allí donde Latinoamérica y el Caribe tiene que encontrar la clave para responder a la creciente demanda de agua de los años venideros, en el justo equilibrio entre infraestructuras tradicionales (llamadas grises) y las soluciones basadas en la naturaleza (verdes), coinciden los expertos reunidos en Estocolmo hasta hoy viernes para la Semana Mundial del Agua (World Water Week).

“Un tercio del agua potable del mundo se encuentra en América Latina y el Caribe, pero se trata de una abundancia relativa”, asegura Sergio I. Campos G., jefe del Departamento de Agua y Saneamiento del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), que ha facilitado la logística para cubrir este evento. Las consecuencias del cambio climático, urbanización y la mala gestión del agua ya empiezan a tomar forma en su región. Sequías e inundaciones se repiten con mayor frecuencia e intensidad, mientras que las grandes ciudades consumen más agua de la que tienen a disposición. “Nuestros recursos no son infinitos. Las infraestructuras grises seguirán desempeñando un papel crucial, pero solo son una parte de la ecuación para el futuro”.

Marismas, coral, manglares, arrecifes de ostras y dunas son solo algunos ejemplos de los usos que se pueden hacer de los elementos de la naturaleza para responder a los retos impuestos por el rápido crecimiento de las ciudades, cambio climático y degradación del suelo. América Latina y el Caribe ya cuentan con 24 fondos de agua, un mecanismo que apunta a contribuir a la seguridad hídrica de las áreas metropolitanas a través de la inversión en infraestructuras verdes. A través de revegetación, reforestación, protección de ríos —para evitar que los animales que pastan en la zona los contaminen—, mejora las prácticas de agricultura y ganadería, reducen los sedimentos que llegan al agua, al mismo tiempo que mejoran la cantidad del recurso y regulan los flujos. De esta manera, se acumula agua para las épocas de sequía y, en época de lluvias, actúan como una barrera para evitar daños físicos a las ciudades. Las soluciones basadas en la naturaleza responden a varios desafíos a la vez. Aunque su construcción requiere tiempos más largos en comparación con las infraestructuras tradicionales y su rendimiento sea cíclico, necesitan de inversiones financieras menores. Además, pueden reforzarse con el paso del tiempo. Tras ser dañadas, son capaces de regenerarse. Son más resilientes ante el cambio climático y su presencia embellece los entornos.

Ciudades como Quito, Medellín o Monterrey fueron entre las primeras en apostar por soluciones basadas en la naturaleza. La capital de Ecuador, por ejemplo, fue pionera en la creación hace 18 años de un fondo de agua. “Se estima que para 2040 Quito pase de los 2,5 millones de habitantes de hoy a unos tres millones. Nosotros estaremos listos para brindar agua a unas 300.000 personas más”, destaca Marco Antonio Cevallos, gerente de Agua de Quito. Para Mariano Montero, director de la Fundación Femsa, en la alianza entre ciencia, Administración y sector privado, este último puede aportar eficiencia en la gestión de recursos. Su país, México, fue pionero en cuanto a reservas agua (el volumen del recurso asignado a la protección ecológica) para garantizar cuencas hidrográficas y ecosistemas saludables ante la amenaza de la escasez inducida por el clima y las presiones de desarrollo. Este programa nacional, que arrancó hace dos años, ha logrado reducir la vulnerabilidad al cambio climático en varias cuencas hidrográficas estratégicas.

“Uno de los principales retos es la gobernanza. Hay diferentes organismos que operan en el ámbito del agua, pero no tienen una agenda en común. Se sigue adelante con esfuerzos aislados y visión a corto plazo”, sostiene el presidente de la Fundación Femsa. Montero cita como ejemplo los huracanes que en 2010 azotaron Monterrey, sede central de la embotelladora. “Nos costaron 1.000 millones de dólares, cuando se hubiera podido evitar el daño gastando apenas un cuarto de esta cifra en prevención”.

“Siempre hemos pensado que podemos predecir el futuro sobre la base del pasado, pero ya no es así”, señala Hugo Contreras, director de Seguridad Hídrica para América Latina en The Nature Conservancy. “Me gustaría que se entendiera que las infraestructuras verdes no son un lujo, sino una oportunidad para mejorar y optimizar recursos”. Para responder a esta nueva realidad, se necesitan esquemas diferentes y más financiación. “Pero necesitamos tener datos a la mano y desarrollar más habilidades”.

Uno de los principales frenos al desarrollo de infraestructuras verdes, según los expertos presentes en la Semana Mundial del Agua, es la falta de formación. “Los ingenieros hemos estudiado para enfrentarnos a estos problemas con bombas de agua y tuberías, pero los tiempos están cambiando y se abren nuevas oportunidades”, destaca Fernando Miralles, de la Universidad de Maryland. La educación es necesaria tanto dentro como fuera del sector, agrega Antonio Lastra, del Canal de Isabel II, la empresa pública española responsable de la gestión del ciclo integral del agua en la Comunidad de Madrid. “A veces la gente es reluctante hacia el agua reutilizada. Estamos llevando a cabo varias campañas de sensibilización. En España, tenemos sequía y por eso la gente entiende que, por ejemplo, se use agua reutilizada para regar los jardines y son cada vez más conscientes también de que pueden beberla”.

Eleanor Allen, directora ejecutiva de la ONG Water for people que gestiona varios proyectos en América Latina, por ejemplo en Bolivia, hace hincapié en la necesidad de involucrar a toda la comunidad en el proceso de decisión, en especial a las mujeres. “Hasta hace poco se las silenciaba, pero ellas también tienen su opinión y quieren ser escuchadas”, dice. “Son las que mejor saben que se necesita, ya que están más al pie del cañón”.

 

Agosto 30, 2018.

Ver artículo completo en: Semana Mundial del Agua. El País

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